Me lo dio un niño. Y quizás fue él quien terminó explicándome por qué había llegado. Yo había ido pensando que tenía que dar algo. Mi tiempo, mi mirada, mi profesión, mis fotografías. Pero aquel niño, sin miedo a ser rechazado, entendió algo antes que yo: que en ese momento el que necesitaba un abrazo era yo.
Llegué acompañado del Doctor Alexito, un reconocido clown social, artista y gestor de felicidad colombiano, acostumbrado a recorrer hospitales, colegios y comunidades para llevar bienestar emocional, música, arte y sonrisas a quienes atraviesan momentos difíciles.
Pero Alexito no llegó allí solamente con un disfraz, una nariz roja o una rutina para hacer reír. Llegó con una manera distinta de entender la ayuda. Con la convicción de que, incluso después de una tragedia, también hay que cuidar lo que no se ve: la salud mental, la esperanza, la confianza y las ganas de volver a sentirse vivo.
A través de la Misión Clown Colombia, Alexito ha convertido el humor, el juego y el arte en herramientas para humanizar espacios de dolor. No pretende borrar las heridas, busca abrir un pequeño espacio para respirar dentro de ellas y eso fue lo que intentamos hacer allí.
Una idea que, en medio de tanta destrucción, parecía casi imposible: crear un Hospital de la Felicidad No para negar el dolor, no para hacer como si nada hubiera pasado. Sino para llegar a ese lugar que queda después de la tragedia, cuando ya no se necesitan solamente alimentos, ropa o agua. Cuando también hace falta alimentar el alma, la razón, la conciencia. El corazón.
Alexito puso su manera de servir: el juego, la música, el humor, la escucha y esa capacidad suya de acercarse a las personas sin imponerles nada. Yo puse mi manera de mirar. Y juntos entendimos que nuestras profesiones podían encontrarse en un mismo propósito: acompañar.
Hubo sonrisas, hubo abrazos, hubo momentos de juego. También hubo lágrimas, porque la felicidad no significa olvidar el dolor. A veces significa tener un pequeño espacio para respirar dentro de el.
Alexito me recordó que hacer reír también puede ser una forma de cuidar, que una canción puede devolver por un instante la calma, que un juego puede ayudar a un niño a sentirse seguro, que una sonrisa no siempre significa que todo está bien, pero puede ser el primer paso para volver a estarlo.
Yo seguía siendo fotógrafo. Teniendo en cuenta que antes de hacer una fotografía tengo que aprender a estar presente, a mirar a los ojos, a escuchar, a abrazar. Y cuando finalmente levanto mi cámara, las fotografías ya no son lo más importante. Lo importante es aquello que estaba ocurriendo delante de ella. Personas llenas de ilusiones, pero con miedo de volver a cumplirlas. Personas con terror en sus recuerdos, personas que extrañaban a quienes ya no estaban. Y también personas que, a pesar de todo, todavía podían sonreír.
Entendí que hay personas, como Alexito, que dedican su vida a recordarnos que la felicidad no es ignorar lo que duele. Es acompañarnos mientras aprendemos a vivir con ello.
Por si no has visto el capítulo 1: Llegué a destiempo