Fotografía publicada por National Geographic
Un llamado del Vaticano hizo que destinara mi trabajo a capturar los instantes del Papa Francisco en su llegada a Cartagena; las imágenes en el barrio La María. Como siempre miro todo al rededor. Voy un tiempo antes al lugar, miro de qué hablan, qué dicen, cómo se va comportando todo; analizo posibles lugares para mis ubicaciones, y me hago parte del paisaje, convivo, y digo yo: me hago menos visible para los demás.
No pude dejar de pensar en todo momento, que el papa Francisco es un Rockstar.
Las calles estaban llenas de cantos, gritos; era como estar en un concierto mientras el artista salía a la tarima. Decidí ir a revisar los espacios cuando de repente un gran estruendo, eran las voces de miles de personas diciendo Francisco, fue tan fuerte que corrí sin pensarlo dos veces a ese punto que me daría la mejor vista y ángulos. Ese lugar donde a pocos metros conocería a esta estrella de rock, el amigo del cielo y sus ángeles.
Francisco dio su misa y mientras el cansancio lo vencía en la silla en la que estaba, se ponía en pies y daba la bendición a todos los asistentes. Salió rápidamente a su auto. El conductor salió tan rápido que al frenar le dio en la cabeza con el vidrio al papa, quien bajó con algo de sangre en su mentón a la casa de una de las Matronas del sector. Mientras esto pasaba yo buscaba un lugar para estar alto, vi a la gente en los techos y decidí subir en uno, algunas personas me dijeron, «ojo, ese techo no aguanta peso» logré subir a uno y al ver el mar de personas me emocioné tanto que capturé el instante, una foto que fue primera plata de National Geographic y momento que siempre recordarán en el Vaticano.
Francisco regresa a su fortaleza con ruedas, mientras una mamá desesperada con su hija en brazos y llanto tendido pedía súplicas para que el papa le diera la bendición y así su hija se curaría. Viajaron más de 18 horas en bus y chances para llegar a Cartagena.