El terremoto terminó. Pero para algunos, el temblor continúa

 

Continúa en las noches, en los recuerdos, en el miedo, en las casas que ya no existen, en los objetos que desaparecieron, en las personas que ya no volvieron.

Por eso me fui de Cali y Pereira con más preguntas que respuestas. Y también con una certeza. Reconstruir no será solamente levantar paredes, habrá que reconstruir la confianza, la tranquilidad, los vínculos, las ganas de volver a soñar.

La posibilidad de sentirse seguro otra vez. Por eso la ayuda no puede terminar cuando se retiran las cámaras. Ni cuando las carreteras dejan de estar llenas de donaciones.

Hay una parte de la reconstrucción que no se ve. La que ocurre dentro de cada persona, la que necesita tiempo, escucha, acompañamiento, afecto y atención. Y quizás eso fue lo que fui a descubrir.

Yo pensaba que iba a llevar algo. Y terminé recibiendo mucho más de lo que podía imaginar. Recibí abrazos, recibí sonrisas, recibí lágrimas, recibí historias.

Soy afortunado. Porque pude brindar mi ser a personas llenas de ilusiones, pero también llenas de miedo. Pude acompañar algunos recuerdos, pude llorar, pude abrazar. Y sí. Pude tomar fotografías.

Pero esta vez entendí que la fotografía no siempre está para mostrar lo que ocurrió. A veces está para recordarnos que seguimos aquí. Que seguimos siendo humanos, que todavía podemos cuidarnos, y que no deberíamos esperar otra tragedia para descubrir lo que estos días nos enseñaron: que estar para el otro también es una forma de reconstruir.

Que no se nos olvide cuando todo vuelva a estar en pie.